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jueves, 15 de septiembre de 2016

Zen en el Arte del Tiro con Arco



"Cuando la cuerda está estirada hasta donde le permite el arco, éste encierra el Universo." 




El tiro con arco o arquería es otra disciplina en la instrucción del Zen. Por medio de esta práctica los alumnos consiguen ser unos expertos en disparar al blanco, pero lo que realmente pretenden los maestros no es hacer de sus alumnos expertos tiradores, sino que lo que en realidad persigue la concentración que exige esta actividad es despertar la intuición natural del aprendiz arquero, de modo que una vez éste ha logrado un buen conocimiento de la herramienta (el arco) y arte en el tiro, el disparo se produzca de modo intuitivo, sin apuntar o concentrarse en el blanco, que nada importa a la naturaleza de las enseñanzas Zen. "Comprometed toda vuestra vida en el tiro de una sola flecha" dicen los maestros arqueros, y es que en esa acción, arquetipo de la acción original, se descubre todo el Zen.

El arco, construido en madera de bambú llega a medir unos dos metros de longitud, por lo cual es fácil imaginar la enorme dificultad que entraña su manejo, y por consiguiente se ve que no ha sido diseñado para competir deportivamente, por ejemplo, sino que su diseño está adecuado para servir de apoyo a las enseñanzas del Zen. 


La primera fase del aprendizaje consiste únicamente en hacerse con el manejo del arco y la cuerda. Es ésta una tarea tan dificultosa y que exige tanto tiempo de entrenamiento que el practicante acaba por olvidarse de la flecha y el disparo. Su interés se halla centrado exclusivamente en conseguir la tensión correcta de la cuerda, para lo cual necesita acoplarse íntegramente al arco, con firmeza pero con ductilidad, evitando que todo su cuerpo se tense al mismo tiempo, pues el tiro sólo será correcto cuando consiga liberar su cuerpo (y su mente) de tal tensión, y concentre toda su fuerza en la mano. 

Esto podría inducir a la idea de que el arte de la arquería está reservado a personas de físico fuerte, pero esto no es así ya que tanto hombres como mujeres se ejercitan en él. Ahora bien, sí que son necesarias la paciencia, el tesón y la fuerza de voluntad para no abandonar antes de obtener resultados.  En esta primera fase de instrucción el maestro del Zen no ejerce ninguna presión o influencia en el discípulo, y su papel consiste en indicarle las reglas básicas de posición y respiración, que deben adoptarse en el ejercicio. 

Como todo guía espiritual o intelectual verdadero, el maestro pertenece al linaje de los hombres auténticos y éstos no están interesados más que en lo original y genuino de los seres, donde radica la verdad y libertad de todos ellos. Indicando a quienes muestran interés, el camino que sirvió a su propia liberación. El maestro es un ejemplo a seguir (no a imitar) y su método tiene la fuerza de su propia experiencia, requisito imprescindible en toda transmisión real de iniciación al conocimiento.


El propio aprendiz arquero tendrá que desarrollar una autodisciplina para llegar a conocer sus fuerzas y debilidades, a medida que se descubren las propias energías, se advierte el modo de integrar el cuerpo y la mente en el espíritu del tiro. Sólo de este modo se puede llegar a entender el espíritu que vehícula el arte del tiro con arco. El ardid, por parte del discípulo, queda excluido completamente y los maestros, cuando comprueban cualquier tipo de engaño para llegar a dominar el tiro de forma artificial, sencillamente le quitan el arco al aprendiz y le dan la espalda negándose a seguir instruyéndole. 

Una vez superada la fase con el arco y la cuerda es el momento adecuado para tomar la flecha y prepararse para el disparo



La finalidad del ejercicio es el conocimiento que uno mismo ha logrado adquirir de sí mismo, llave con la que se abren otros espacios de la realidad; y sólo cuando se posee ese conocimiento se está en condiciones de lanzar la flecha. Esta debe sujetarse hasta el momento idóneo para el tiro una vez que el arco obtiene la curvatura precisa, la cuerda la tensión necesaria y la mano se halle en el justo medio. En ese momento de preciso equilibrio entre el arco y el tirador se produce la liberación de la flecha, quedando en ese mismo acto de comprensión simultánea liberado el espíritu del arquero. 



La propia figura del tirador, envuelto completamente en el círculo que forma el arco extendido, sitúa al corazón del arquero en el centro mismo del círculo, siendo de ese modo como puede verse que este centro desde el que se proyecta la flecha es, a la vez que punto de partida, verdadero blanco de la flecha, al que ésta retorna una vez trascendidos o superados los límites individuales. "Cuando la cuerda está estirada hasta donde le permite el arco, éste encierra el Universo." 



El arquero inspira intensamente a la vez que estira la cuerda, hasta quedar lleno de aire, conteniendo la respiración al tiempo que retiene la flecha en un estado máxima tensión o equilibrio. Cuando su intuición inteligente, concretizada en su habilidad en reconocer la sincronía perfecta del momento, le indica soltar la flecha, ésta parte con su hálito que se mezcla con el mundo, en una acción única, y que por cierto, no tiene intención ni interés alguno por los resultados.


Sólo entonces los maestros presentan el blanco a sus alumnos, situado ahora a unos 60 metros de distancia. Los aciertos son certeros en la mayoría de los disparos, pero ningún iniciado o maestro del arte de la arquería les presta ninguna atención. Cuando aciertan en el blanco (cosa que hacen incluso con los ojos tapados) no se conceden ningún mérito, y tampoco cuando fallan se inmutan, puesto que no hay intención en los disparos. Así el espíritu del Zen siempre decide; lo que importa es estar en sintonía con él de modo que pueda manifestarse en todos y cada uno de los hombres que aman el "Arte sin artificio" por encima de todo.


¿Dónde o cuándo se inició verdaderamente el disparo?: "La infinita profundidad es la fuente donde se origina todo lo que hay en el Universo", dice Lao-Tse. Caer en la cuenta de esta verdad trascendente supone desinteresarse por cualquier resultado, pero también supone prescindir del arco, o de cualquier ejercicio externo programado. La experiencia cognoscitiva queda impresa en el corazón del artista, que todo hombre es, y toda obra que realiza, a partir de entonces, es una obra con arte. M.A.D. (Ver todos los capítulos)



Publicado en Revista SYMBOLOS 
Arte - Cultura - Gnosis
 

miércoles, 22 de julio de 2009

Alan Watts “Conversaciones conmigo mismo”

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Hace unos días he tenido noticia de la edición, subtitulada en español, de este video de Alan Watts dividido en tres partes. Se trata de un documento histórico donde este filósofo dialoga consigo mismo acerca de las relaciones armónicas que existen entre la Naturaleza y el Hombre, el Macrocosmos y el Microcosmos, el Cielo y la Tierra, y lo hace desde el punto de vista de la filosofía oriental, taoísta y Zen-budista concretamente, dos tradiciones que Alan Watts conocía perfectamente y que unido al conocimiento que sobre la Tradición Occidental tenía, hace que estos diálogos sean sumamente ricos y didácticos pues al fin y al cabo los dirige a uno mismo, es decir al conocimiento de nuestra propia identidad integrando en su discurso al hombre en una perspectiva más amplia y universal. Y este, a mi entender, es el mensaje que nos transmite en estos videos.

Sin embargo, cualquiera que no conozca suficientemente bien su obra podría pensar que está ante un discurso tipo ecologista o new age, por sus constantes referencias a la Naturaleza y su defensa de ella, pero si uno consigue parar su agitación mental y pone atención, "escucha", empezará a darse cuenta de que está hablando de la Naturaleza como un "Todo" y no únicamente de la Tierra o el mundo natural y vegetal, sino que habla del Cielo y de la Tierra y del hijo predilecto de ambos, el Hombre, idea que Alan Watts ve que se reitera en el Taoísmo.

Así que esa primera visión superficial va dejando paso a la compresión de un discurso más profundo. A la idea de que el mundo se hace comprensible a través del hombre o dicho con otras palabras, que el hombre es la forma que el universo tiene de comprenderse a sí mismo.

Alan Watts es un sabio que ha contribuido enormemente a acercar Oriente a Occidente, y viceversa, desde el punto de vista espiritual e intelectual, no el simplemente económico que es el que ante todo busca acercar el mundo moderno, siguiendo las pautas de la mentalidad materialista que impera en este tiempo.

´"Aunque tenemos la seguridad de que nada es imposible para la revelación del Espíritu o Inteligencia Universal, reconocemos que es gracias a los puentes intelectuales que han establecido autores tradicionales como Ananda Coomaraswamy, René Guénon, Federico González, Mircea Eliade, Alan Watts o D.T.Suzuki, entre otros, que podemos tratar de explicar nuestra propia comprensión de estas doctrinas, con el único propósito de hacer notar que todas las formas que vehiculan el Conocimiento de la Realidad de Ser son soportes igualmente válidos para todo aquel que busca conocer esa Verdad TranscendenteSeguir .
 
 


jueves, 26 de junio de 2008

La Escuela YI treinta años de arte abstracto chino

Exposición que permanecerá hasta el 21/09/2008 en el Centro de Arte Caixa Forum de Barcelona, que llegará también al Caixa Forum de Madrid, donde se podrá ver a partir del 14 de noviembre.




"Iluminación de Tao", "Viento mudo" o
"Ciclo Lunar" , son algnos de los títulos de las obras expuestas
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Se trata de una exposición que muestra el arte abstracto chino contemporáneo a través de 80 obras realizadas en diferentes formatos, como pintura y escultura. Los artistas muestran el concepto Yi, el cual se distingue totalmente como formando parte de la estética y la filosofía tradicional de este país, China, y del Zen Budismo, cuya influencia se deja notar en algunos cuadros. Recordemos que el Zen Budismo es una síntesis que en un momento dado se dio en China entre la metafísica del Taoísmo y la de ciertas escuelas del Budismo que penetraron en China desde la India. Nos congratula desde luego que haya persistido parte de esa herencia en la China actual.

En efecto, estos artistas muestran, a través del concepto moderno y globalizado de arte abstracto, su propia visión enraizada en la tradición extremo-oriental. Yi representa un estado de contemplación y meditación de los creadores, el modo en que los poetas y artistas orientales se aproximan a las cosas.

El trazo de una leve pincelada sobre un lienzo blanco no hace sino diferenciar el espacio y hacer visible el vacío, también muestra la indiferenciación que hay entre el trazo y la mente del creador.

"Cuando se llega a aprehender el sentido de la pintura Zen, el trazo es decidido y sin titubeos, reflejándose en él la tranquilidad de quien está acometiendo una acción guiada por un instinto superior al del simple virtuosismo, pues se trata de sentirse partícipe de un gesto primigenio que se perpetúa en la intención del trazo. Es decir: unidos a la idea que lo contiene, que es anterior a la manifestación de ese gesto." (Notas sobre el Zen. Pintura y Caligrafía)